domingo, 7 de septiembre de 2014

Comarca de El Bierzo

Del 14 al 18 de agosto de 2014

El puente de agosto decidimos hacer una escapada con las motos a la Comarca de El Bierzo ya que, aunque parezca mentira y a pesar de la cercanía a Zamora y a Galicia era una zona que no conocíamos.
El presupuesto era bajo así que optamos por desempolvar la tienda de campaña, preparar los bártulos e irnos de acampada. El camping elegido fue el Valle do Seo que se encuentra en Trabadelo (León). Un camping pequeño que a pesar de no contar con demasiados servicios resultó de nuestro agrado porque tuvimos una buena, tranquila y fría estancia. Y es que hubo un par de noches que alcanzamos los 5º ¡Pero si estábamos en agosto! Por suerte llevábamos sacos, una manta y las cazadoras de cuero, que abrigan de lo lindo cuando te las echas por encima.
 
Tras la jornada laboral del jueves día 14 llegamos al camping por la tarde-noche. Ese día sólo dio para viajar, montar la tienda y poco más.
 
El día 15 por la mañana nos acercamos a Peñalba de Santiago, un pueblo precioso que se encuentra en el Valle del Silencio y que fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Etnológico. Desde Ponferrada comienza el ascenso por una carretera de lo más sinuosa  y divertida.
 
En la entrada del pueblo hay un parking, ya que no se puede circular con vehículos por el interior de éste. Su casas serranas de piedra, madera en los balcones y pizarra en los tejados se apiñan en torno a la iglesia, considerada una joya mozárabe que además fue declarada Monumento Nacional. 

 
Merece la pena perderse por sus calles empedradas, subir, bajar y volverse loc@ tirando fotos. Callejeando me vino a la mente Santa Cruz de los Cuérragos en Zamora. Tras el paseo aprovechamos para comer un suculento bocadillo viendo las idas y venidas de la gente por el pueblo.

 
De vuelta a Ponferrada decidimos tomar el desvío hacia el Monasterio e Iglesia de San Pedro de Montes pero, era mediodía y estaba cerrado así que me tuve que conformar con dar una vuelta por los alrededores ¡Una lástima!.


 
Próximo al Monasterio había una pequeña cantina que me llamó mucho la atención, la música, el ambiente, el entorno, me pareció un buen sitio para relajarse y tomar algo.

 
Una vez en Ponferrada nos dirigimos a Molinaseca, que se encuentra a escasos 6 kms de la ciudad. Parada obligada en el Camino de Santiago y con un gran ambiente de peregrinos.

 
Di un breve paseo por sus calles y después pusimos rumbo a la Herrería de Compludo, declarada Monumento Nacional y cuya fragua tiene un funcionamiento similar a la actividad siderúrgica de la edad media. Pero, estaba cerrada hasta nuevo aviso así que ¡Mi gozo en un pozo!.

 
De ahí tiramos hacia Foncebadón y su Cruz de Ferro, lugar de paso también para los peregrinos. Es un poste de 5 metros con una pequeña cruz de hierro en la punta. Cada peregrino pone una piedra a sus pies creando un montículo. Se dice que dicha piedra hay que traerla del propio lugar de origen y arrojarla a la Cruz de Ferro para librarse de las cargas y culpas que se hayan cargado durante la vida. Es más, la piedra tiene que ser tan grande como los propios pecados ¡Jar!. Además de piedras, había prendas y objetos de todo tipo a modo de ofrenda o muestra de haber pasado por allí.

 
Ya íbamos de retirada pero hicimos una última parada en el Palacio de Canedo, de la marca Prada a Tope. Éste se encuentra en Canedo, a pocos kilómetros de Cacabelos. Un bonito bar-cafetería-restaurante-hotel e incluso bodegas donde tomar algo.
 
De ahí cogimos la N-VI hasta el camping. Teniendo en cuenta el mal estado de algunos tramos de carretera cuesta pensar que esta fuera la antigua vía que unía A Coruña con Madrid.
El día 16 iba a hacer una de las visitas que más ilusión me hacía: Las Médulas. Llegamos sobre las once de la mañana al Centro de Visitantes e hice una visita guiada de casi dos horas de duración por el módico precio de 3€. La guía era fantástica y sus explicaciones, así como su forma de contar las cosas me cautivó por completo.  

 
Las Médulas son los restos de un yacimiento de oro que se llevó a cabo durante la época romana. Para la extracción del oro primero almacenaban el agua en unos depósitos que eran llenados gracias a la creación de canales para el trasvase de agua de los ríos Sil y Duero. Una vez llenados se arrojaba el agua sobre las galerías previamente construidas en las montañas, produciendo el arrastre del conglomerado aurífero hasta los canales de lavado donde el oro quedaba depositado por su peso.

 
Durante la visita fuimos recorriendo los diversos senderos, haciendo un repaso por la historia del imperio y la naturaleza del lugar hasta llegar a dos grandes orificios excavados en las montañas.

 
Próximo se encuentra el Mirador de Orellán, un lugar privilegiado desde el que visitar Las Médulas desde las alturas pero, primero había que ir a comer así que decidimos dejarlo para más tarde, a ser posible al atardecer.
Era mediodía y habíamos reservado mesa en el Restaurante El Apostol, en Cacabelos, recomendado por una compañera de trabajo y con muy buenas críticas en internet. La verdad es que comimos muy bien, tiene una amplia combinación de menús en la carta, con variación de precio según la elección de los primeros y segundos. Para que os hagáis una idea, por una ensalada apóstol, merluza a la gallega, entrecot, postres, bebida y café de puchero nos cobraron 30,50 €.
 
Tras la comida fuimos a Ponferrada, tenía muchas ganas de visitar el Castillo de los Templarios pero, aunque por fuera me encantó porque hay que reconocer que parece de cuento, por dentro me desilusionó y mucho. El precio de la entrada fue de 6 €.




 
Me habían recomendado visitar el Castillo de Cornatel que se encuentra cerca de Las Médulas así que,  de camino al Mirador de Orellán decidimos acercarnos. Es pequeño pero me pareció atípico y peculiar.


 
El coste de la entrada fue de 2€ y ofrece un agradable paseo por su entorno y construcciones. Siempre que entro en un castillo intento echarle un poco de imaginación a la visita pensando en cómo debía ser la vida en su interior entonces.....

 
De ahí nos dirigimos al Lago de Carucedo, un lago artificial creado gracias a los movimientos de tierras y a la retención de agua que llegaba de Las Médulas. Seguimos las indicaciones que había pero nos perdimos, no se si porque estaba mal indicado o porque ya estábamos un poco cansados para interpretarlas. La cuestión es que en vez de al lago llegamos al embalse próximo y, aunque no lo vimos de cerca pudimos hacerlo desde las alturas.
Y por fin subimos al Mirador de Orellán, todavía no estaba anocheciendo y la luz no era la esperada pero, aunque no pude conseguir una gran foto disfruté mucho de paisaje ¡Es espectacular!. Para llegar hasta él hay que dejar el vehículo en un parking y subir caminando los 600 metros de pendiente que hay.

Al lado del mirador hay unas galerías visitables pero, me entretuve tanto contemplando el paisaje que cuando quise ir a verlas previo pago de 3 € habían cerrado.
Estaba cansada, mucho, había sido un largo pero estupendo día así que volvimos al camping, cenita y a descansar.
El día 17 tocaba dar un pequeño salto a nuestra tierra, Galicia, y más concretamente a Lugo. Tomamos la N-VI en dirección Pedrafita do Cebreiro, considerada la entrada del Camino de Santiago en Galicia. Una vez aquí nos dirigimos a O Cebreiro, un pueblo próximo en el que destacan sus pallozas y del que podéis ver más información en este enlace publicado en el blog.




 
Tras un breve paseo por sus calles repletas de peregrinos y unas fotos de rigor pusimos rumbo a la Sierra do Caurel. Conocíamos la zona pero siempre es un placer rodar por sus bonitas, estrechas y sinuosas carreteras. Hace unos meses conocimos a un motero que nos recomendó el Bar O Pontón, en plena sierra do Caurel y más concretamente en Ferreirós de Abaixo. Habíamos reservado mesa para comer el menú único que preparan, costillas con ensalada.

 
El sitio es una maravilla, rodeado de naturaleza, pegado literalmente al río y cuyo mobiliario es exclusivamente de madera tallada. Estaba lleno así que si decidís ir, mejor reservar previamente.


 
La comida muy buena. Nos gusta la costilla a la brasa pero, yo creo que un entorno así todo sabe aún mejor. De postre sólo dos a elegir: tarta de castañas con chocolate y queso do Cebreiro con miel. ¡Rico,rico!. El precio 30 €.

 
Tras la comida y la pausada sobremesa pusimos rumbo al Hayedo de Busmayor. Éste se encuentra próximo al camping. Un campista motero (saludos a Jose) nos había comentado que la carretera es una chulada y había que comprobarlo. Confirmado, es un tramo breve pero merece mucho la pena. El Hayedo es para recorrer a pie pero, no teníamos ganas ni ropa adecuada para hacerlo.  Después volvimos al camping y pasamos el resto de la tarde descansando.
El día 18 volvimos a Zamora. La intención era parar en Astorga a visitar la ciudad y comer un cocido maragato en Castrillo de los Polvazares pero, entre que salimos muy tarde del camping y que con tanto calor el cocido apetecía más bien poco, comimos un bocadillo para llegar antes a casa. Desde Zamora estamos a un paso así que, volveremos mejor en otoño o invierno que seguro que apetece más.

Un saludo a tod@s. Os echaba de menos!!!!!