sábado, 11 de mayo de 2013

Ruta en moto por la provincia de León.

4 de mayo de 2013
 
El fin de semana pasado hemos hecho una ruta impresionante  por la provincia de León acompañados de un guía de lujo, Carlos, de la web Diarios de una Bultaco.
 
Tras un intercambio de correos para concretar fechas, hora y lugar de quedada finalmente el sábado nos conocimos. Nunca imaginé que a través del blog pudiera conocer a gente estupenda con la que compartir un café, un paseo en moto, una amistad y muchas experiencias así que sólo puedo decir que estoy encantada de seguir escribiendo y poder conocer a gente que merezca tanto la pena.
 

Solo hace falta leer una entrada de "Diarios de una Bultaco" para hacerse una idea de como es su administrador. Además de ser un tío estupendo escribe de maravilla y es muy notable el cuidado y cariño que dedica a su web.

Sabía más o menos porque zona iba a transcurrir la ruta pero no tenía ni idea de los lugares que íbamos a visitar porque le pedí expresamente a Carlos que no me lo dijese. Acostumbrada a organizar las salidas tenía la necesidad de sorprenderme y dejarme guiar. Además, estaba segura de que iba a ser un acierto y por supuesto así fue.
 
Tenemos la suerte de que mi padres tienen una casita próxima a León por lo que aprovechamos para pasar allí todo el fin de semana. El punto de encuentro fue el Puente Villarente a las 11:00 de la mañana. Nos preocupaba el tiempo pero el día amaneció completamente despejado y soleado. El fin de semana anterior había nevado en la provincia y esto fue un punto a favor porque encontramos los puertos repletos de nieve.
 

Salimos del Puente Villarente en dirección al Barrio de Nuestra Señora, un tramo en el que hay que tener cuidado con los radares móviles porque suelen colocarse en alguna de las interminables rectas.
 

De ahí tiramos en dirección a La Vecilla pasando por pequeños pueblos llenos de encanto hasta llegar a la primera parada del día, la Cascada de Nocedo. No había ningún cartel señalizando la cascada pero no resulta difícil encontrarla porque en los alrededores hay un par de apartaderos para los vehículos, veréis movimiento por la zona y lo más importante, está situada antes del pueblo de Nocedo de Curueño, por lo que si llegáis a éste sabréis que os habéis pasado.

 
A esta cascada también se la conoce como Cascada Cola de Caballo o Cascada de Valdorria debido a que es el río Valdorria el que baja desde el pueblo que lleva el mismo nombre para salvar el desnivel de la cascada y unirse al río Curueño.
 

Para llegar hasta el salto de agua hay que recorrer unos 50 metros por una senda que no presenta ninguna dificultad pero que no es accesible a personas con movilidad reducida.
 
Teniendo en cuenta la lluvia caída durante los últimos meses la cascada traía abundante agua y podía verse en toda su plenitud. Hay una pasarela metálica que llega hasta el borde de ésta pero, era tanta el agua pulverizada que tras las fotos de rigor salimos de allí con la ropa mojada.
 

Si queréis ver la cascada desde otra perspectiva y os apetece trepar, al lado de la carretera hay un sendero que permite llegar a la parte superior de ésta.
 
Tras la pausa pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, las antiguas Caldas de Nocedo, que se encuentran a un kilómetro de Nocedo de Curueño.
 

Este antiguo Balneario de Nocedo conocido por las virtudes de sus aguas fue tomado durante la guerra civil por uno de los batallones para utilizarlo como cuartel, llegando incluso a fortificarse la ladera de la montaña con una gran trinchera. Tras la llegada del ejército nacional el edificio queda prácticamente destrozado pero, una vez acaba la guerra es reparado volviendo a retomar su actividad aunque, años después vuelve a sumirse en el abandono hasta la actualidad. He aquí un reportaje publicitario anterior a la guerra civil.

La idea era volver hacia La Vecilla pero decidimos seguir unos kilómetros por la misma carretera para atravesar un tramo de las Hoces de Valdeteja, un lugar en el que las paredes de roca caliza se estrechan y parece que por momentos vayan a tragarse la carretera. 
 

De ahí retrocedimos sobre nuestros pasos para volver a La Vecilla y poner rumbo a Vegaquemada para ver su iglesia parroquial, construida en 1954 y financiada por Pablo Díez Fernández, un empresario que nació en esta localidad y que tras emigrar a Méjico se convirtió en uno de los empresarios más exitosos del país. Nunca se olvidó de sus orígenes y contribuyó al bienestar de la localidad dotándola de numerosos servicios y edificios.
 
 

Mientras hacíamos unas fotos de la iglesia se acercó a nosotros este bonito cachorro que consiguió captar toda mi atención y mi cariño porque era realmente precioso. Al vernos marchar vino corriendo detrás de las motos y por un momento se me hizo un nudo en la garganta. Me lo hubiera llevado a casa…
 

De Vegaquemada tiramos hacia Boñar, donde paramos a tomar algo en una de las terrazas de la calle principal. Y de ahí pusimos rumbo a los puertos de Las Señales y de Tarna, pasando antes por el Embalse del Porma donde hicimos una parada para ver su presa.
 

Al fondo podíamos ver las montañas nevadas y cada vez nos estábamos acercando más a ellas. Comenzamos a subir el puerto de Las Señales y una enorme sonrisa comenzó a dibujarse en nuestra cara. Había caído una gran nevada el fin de semana anterior y la nieve seguía allí, intacta para nuestro disfrute.
 
 

La carretera aunque algo bacheada estaba completamente limpia de nieve. Con semejante sol no había nada de hielo en la vía así que las condiciones no podían ser mejores: carretera limpia, sol, nieve y moto ¡Una combinación perfecta!.
 

Nunca habíamos circulado en moto rodeados de tanta nieve y es que, a ambos lados de la carretera ésta podía alcanzar los 50-60 cm.

 
 
Aprovechamos para poner las cámaras de vídeo a grabar, sacar numerosas fotos y al llegar al puerto de Las Señales (1.625 m) hicimos una parada para disfrutar del paisaje y recrearnos con las vistas.

 

¡Qué lujo! La ruta de Carlos había sido un acierto y todavía teníamos toda la tarde por delante. Aún no habíamos comido así que decidimos comenzar a bajar el puerto y parar en el primer apartadero para hacer el picnic. Previamente habíamos acordado llevar bocadillos para no tener que condicionarnos con los horarios.
 
 

El momento era perfecto pero es que Carlos consiguió que fuese todavía mejor al tener el gran detalle de traernos jamón y cecina leonesa. Estaba buenísima, todavía sueño con ella jejeje.
 
 
Tras el almuerzo llegamos al puerto de Tarna (1.492 m) y tiramos en dirección a Riaño. Al poco de dejar atrás el puerto la nieve fue desapareciendo y dando paso a un paisaje completamente distinto, donde el agua, la montaña y unos verdes tapices de hierba nos trasladaron por un momento a los alpes suizos.
 

Y llegamos a Riaño, el nuevo Riaño, ya que el antiguo así como siete pueblos más del valle fueron anegados por las aguas del Embalse de Riaño en el año 1.987.
 

Fueron conocidas las numerosas movilizaciones populares que se llevaron a cabo en Riaño con el proyecto de construcción del pantano así como los enfrentamientos y el desalojo por la fuerza de los vecinos que se negaban a abandonar sus viviendas.

 
De ahí cogimos la carretera en dirección al Puerto de San Glorio y al llegar a Boca de Huérgano tiramos hacia Prioro. Durante este tramo y hasta llegar al Puerto del Pando (1.432 m) nos encontramos con multitud de animales en la carretera, ovejas, caballos y especialmente vacas. Estas últimas ni se inmutaban con nuestra presencia.
 
 

Es un gustazo circular por estas carreteras, tranquilas, solitarias, atravesando pequeñas localidades y zonas especialmente bellas.
 

Al llegar a Puente Almuhey cogimos el desvío hacia Renedo de Valdetuéjar, una antigua y noble villa que durante siglos fue la capital del valle y el lugar en el que se encontraba el palacio de los marqueses de Prado, del siglo XVII, del que en la actualidad apenas se conserva el muro y los torreones.
 
El marquesado vendió el palacio y pasó de una mano a otra hasta que el año 1.954 es comprado por el indiano Pablo Díez Hernández del que os hablé más arriba, que lo pone a disposición el obispado y cuya fachada barroca fue trasladada piedra a piedra hasta la entrada del Hospital de Nuestra Señora de la Regla en León.
 
Y llegamos al Santuario de la Virgen de la Velilla, del siglo XVI. En el siglo X y en el mismo lugar donde hoy se asienta el santuario había una ermita dedicada a Santa María Vallulis (de los Valles). Pasaron los años y el lugar fue abandonado hasta que en el 1.470 un hidalgo llamado Diego de Prado, emparentado con los Señores de la Casa de Prado, encuentra entre las ruinas de la ermita los restos de una virgen de madera.
 

Decide llevársela a casa e improvisa un altar en un hórreo donde la guarda en secreto. Cuenta la leyenda que tras el descubrimiento el hidalgo va perdiendo su riqueza y enferma su mujer. Desesperado, ofrece erigir un nuevo templo a cambio de su curación y, una vez construido ésta sana.
 
Comienza pues a crecer el rumor de las curaciones y milagros de la virgen por lo que la llegada de peregrinos y la entrega de limosnas es continua, lo que permite que en el 1.615 comiencen las obras de lo que hoy es el gran santuario y que tardó casi un siglo en construirse.
 

Curiosamente ese día era el primero del año que el santuario abría al público tras el invierno así que tuvimos oportunidad de verlo. En su interior estaba marcado el punto exacto donde se encontró la virgen así como numerosos exvotos de agradecimiento a la virgen.  
 
 
Tras la visita tiramos hacia Almanza, donde haríamos la última parada del día para tomar algo en una terracita. Aquí aprovechamos para despedirnos, ya que nosotros teníamos que tomar un desvío previo para ir al pueblo.
 
Estábamos cansados pero enormemente satisfechos con la ruta (300 kms). Nos había encantado el recorrido y los lugares visitados. Una buena mezcla de diversión, naturaleza e historia con una temperatura y sobretodo una compañía de lujo.
 
Hemos barajado la posibilidad de hacer una ruta en breve por el Bierzo y alrededores. Eso sí, Carlos, va a ser difícil superar ésta pero no te subestimo, eres capaz de sorprendernos seguro.
 
Saludos y Vs.
 
 

domingo, 21 de abril de 2013

Ruta en moto por las Arribes salmantinas.

El fin de semana pasado hicimos una ruta muy chula por los Arribes zamoranos que nos dejó con ganas de más, por lo que ayer decidimos continuar conociendo la zona pero esta vez por las Arribes de la provincia de salamanca y un poco del Parque do Douro Internacional en Portugal.
 
 
Por cierto, los Arribes del Duero es un parque natural que abarca las provincias de Zamora y Salamanca en España y otra parte en Portugal. En Zamora se le conoce como “los Arribes”, en Salamanca “las Arribes” y en Portugal recibe el nombre de Parque Natural do Douro Internacional.
 
El viernes todavía no teníamos la ruta definida pero casualmente encontré una publicada por un forero de la web www.derbiterra125.net que me gustó mucho y decidimos hacerla similar, ya que él salía desde Ciudad Rodrigo en Salamanca y nosotros desde Zamora.
 
Salimos a las 10:30 horas con un día soleado pero algo frío, ya que el termómetro de la moto marcaba 6º. Tiramos en dirección a Bermillo de Sayago por la CL-527 y tras pasar esta población continuamos hacia Fermoselle hasta llegar al desvío que lleva al Cibanal y la Presa de Almendra por la ZA-315.

 
Hicimos una pausa en la Presa de Almendra, la más alta de España con sus 202 metros de altura y, tras el breve descanso pusimos rumbo a Trabanca ya en la provincia de Salamanca por la SA-315. Una vez aquí tiramos hacia Vitigudino por una bonita carretera y, no por su trazado pero si por su paisaje, verde debido a la cantidad de lluvia que ha caído durante el mes de marzo y florido por la llegada de la primavera, algo poco habitual en estos paisajes de dehesas castellanas.
 
Al llegar a Vitigudino pusimos rumbo a Lumbrales. Por si os interesa, en Lumbrales se encuentra el Dólmen de Navalito, un monumento megalítico cuyas indicaciones para llegar podéis ver aquí.


Una vez en Lumbrales cogimos un desvío a la derecha hacia el Puerto de la Molinera y el Castro de las Merchanas. Pocos metros después habrá otro desvío hacia la derecha para ir al castro pero, como nosotros queríamos rodar lo descartamos y seguimos de frente. Si os interesa saber algo más sobre el Castro de las Merchanas aquí os dejo un enlace.
 
El puerto de la Molinera comunica Lumbrales con Saucelle. La carretera es bastante estrecha y el firme no es muy bueno pero, con el paso de los kilómetros mejora en todos los aspectos y las curvas están aseguradas.


En el primer puente de piedra que encontramos y que cruza el río Camaces hicimos otra pausa para descansar. Después pusimos rumbo al Mirador del Cachón de Camaces, uno de los saltos de agua más conocidos en Arribes del Duero junto con el Pozo de los Humos.


Para los arribeños un cachón es un salto de agua que al caer sobre la roca se rompe en innumerables cachos. Tenía abundante agua y se veía en toda su plenitud.


Como curiosidad decir que tanto este mirador como los otros dos en los que estuvimos durante la ruta eran accesibles para personas con movilidad reducida y al menos uno de ellos tenía información en braille.


De ahí volvimos a ponernos en ruta. Más adelante atravesamos el puente sobre el río Huebra y es que, aquí confluyen dos ríos, el Camaces y el Huebra, cuyos cursos fluyen unidos hacia el encuentro con el Duero. La carretera es una maravilla por lo que durante el trayecto paramos un par de veces para ver el paisaje y sacar algunas fotos.


Después de atravesar el Puerto de la Molinera llegamos a Saucelle. Al entrar en el pueblo hay una calle a la derecha que lleva al Mirador de Las Janas ¡Ojo, porque el cartel no está muy bien situado!. Se accede a través de una calle que en pocos metros se convierte en una pista de tierra en buen estado que termina directamente en el mirador.


Las vistas desde el mirador son estupendas, se puede ver el Puerto de la Molinera desde las alturas así como el Cachón de Camaces que, con ayuda del objetivo 55-300 de la cámara pude fotografiar de cerca.


Teniendo en cuenta el entorno privilegiado en el que nos encontrábamos decidimos que este sería nuestro restaurante al aire libre para comer los suculentos bocadillos que traíamos de casa. Durante el almuerzo vimos varias aves sobrevolando la zona que resultaron ser buitres leonados y es que, aquí se pueden avistar entre otras águilas reales, alimoches comunes, milanos reales y milanos negros debido a que en las proximidades del mirador existe un muladar para la alimentación de aves carroñeras por lo que es muy frecuente la presencia de aves rapaces en el entorno, especialmente los buitres leonados que son habituales de los cielos del parque.


Tras la pausa tiramos en dirección al Salto de Saucelle, cuyo cruce habíamos dejado atrás poco antes de entrar en Saucelle por lo que retrocedimos uno o dos kilómetros hacia el Puerto de la Molinera y cogimos el desvío. El Salto de Saucelle es el nombre común que recibe la Presa de Saucelle.


La bajada hacia el Salto de Saucelle es muy sinuosa por lo que la diversión está asegurada. En mitad de la bajada se encuentra el Mirador del Salto, donde merece la pena hacer una parada para ver las vistas. El poblado que veréis al fondo fue levantado en su día para dar cobijo a las familias de los obreros que construyeron la presa y actualmente se ha transformado en uno de los mayores centros de turismo rural de España conocido como Aldeaduero 


Al llegar abajo cruzamos la Presa de Saucelle y tiramos hacia Portugal. Una vez entramos en el país luso vimos el cartel anunciando el acceso al Parque Natural do Douro Internacional.
 
Y pusimos rumbo a Barca D`Alba por la N-221, una carretera impresionante que a Suso le gustó mucho porque además de bonita y revirada el asfalto era fantástico y los guardarrailes tenían doble bionda. Como curiosidad, en esta zona hay un microclima mediterráneo en el que la temperatura media anual es de 17º, hay ausencia de heladas y las condiciones de humedad propician la flora y fauna más característica de otros lugares. Y es que, durante todo el día no habíamos pasado de los 12º y aquí llegamos a los 18º.


Y continuamos por esta bonita carretera rodeada de vides y olivos hasta coger el desvío a la derecha hacia Poiares. La carretera que lleva a Poiares tiene un desnivel impresionante y, una vez arriba merece la pena hacer una parada para ver el zigzagueante trazado por el que hemos subido.


La idea era ir hasta el mirador que hay en lo alto antes de llegar a Poiares y en cuyo cartel ponía “Assumadouro” pero, la pista era de tierra y estaba algo bacheada y pedregosa por lo que decidimos no arriesgarnos. Comenzamos el descenso por la misma carretera hasta llegar a la estupenda N-221 donde pusimos rumbo de nuevo a Barca D´Alba.


En Barca D´Alba confluyen el río Águeda y el Duero. Hicimos una parada en el embarcadero, de donde parten cruceros turísticos hasta Oporto.


Antiguamente esta localidad fue el punto en que se unían las líneas ferroviarias que conectaban Salamanca con Oporto. Fue tanto el interés de los portugueses en esta infraestructura que el tramo de la línea entre la frontera y La Fregeneda (España) se realizó con recursos lusos. En el 1988 se canceló este servicio ferroviario y su estación quedó en desuso. Estación que nos acercamos a ver y que tiene cierto encanto.


Y aquí decidimos que era hora de volver a casa. A 10 kms de Barca D´Alba se encuentra la localidad salmantina de La Fregenada, de ahí tiramos hacia Lumbrales, luego a Vitigudino, Trabanca y la presa de Almendra, donde volvimos a hacer una parada antes de llegar a casa.
 
Y ¡como no! aquí llega la jaimitada del día. Llevábamos la cámara de vídeo de la moto y durante todo el día habíamos estado probando diferentes puntos de sujección pero sólo nos faltaba uno, encima de mi casco. La verdad es que parecía que estaba bien sujeta y nos daba confianza pero, fue ponernos en marcha y un par de kilómetros después ésta salió disparada. Quedó en el medio de la carretera y tuve que echar una carrera para recogerla. Por suerte la cámara está intacta y funciona perfectacmente asi que todo quedó en un rasguño en la bisagra de la carcasa ¡Menos mal!.


Y llegamos a Zamora. Habíamos salido de casa a las 10:30 horas y llegado a las 18:30 después de 350 kms de ruta. Estábamos cansados pero muy contentos porque habíamos pasado un día estupendo conociendo lugares y carreteras impresionantes.