4 de mayo de 2013
El fin de semana pasado
hemos hecho una ruta impresionante por
la provincia de León acompañados de un guía de lujo, Carlos, de la web Diarios de una Bultaco.
Tras un intercambio de
correos para concretar fechas, hora y lugar de quedada finalmente el sábado
nos conocimos. Nunca imaginé que a través del blog
pudiera conocer a gente estupenda con la que compartir un café, un paseo en
moto, una amistad y muchas experiencias así que sólo puedo decir que estoy
encantada de seguir escribiendo y poder conocer a gente que merezca tanto
la pena.
Solo hace falta leer una
entrada de "Diarios de una Bultaco" para hacerse una idea de como es
su administrador. Además de ser un tío estupendo escribe de maravilla y es muy
notable el cuidado y cariño que dedica a su web.
Sabía más o menos porque zona iba a transcurrir la ruta pero no tenía ni idea de los lugares que íbamos a visitar porque le pedí expresamente a Carlos que no me lo dijese. Acostumbrada a organizar las salidas tenía la necesidad de sorprenderme y dejarme guiar. Además, estaba segura de que iba a ser un acierto y por supuesto así fue.
Sabía más o menos porque zona iba a transcurrir la ruta pero no tenía ni idea de los lugares que íbamos a visitar porque le pedí expresamente a Carlos que no me lo dijese. Acostumbrada a organizar las salidas tenía la necesidad de sorprenderme y dejarme guiar. Además, estaba segura de que iba a ser un acierto y por supuesto así fue.
Tenemos la suerte de que
mi padres tienen una casita próxima a León por lo que aprovechamos para pasar
allí todo el fin de semana. El punto de encuentro fue el Puente Villarente a
las 11:00 de la mañana. Nos preocupaba el tiempo pero el día amaneció completamente
despejado y soleado. El fin de semana anterior había nevado en la provincia y
esto fue un punto a favor porque encontramos los puertos repletos
de nieve.
Salimos del Puente
Villarente en dirección al Barrio de Nuestra Señora, un tramo en el que hay que
tener cuidado con los radares móviles porque suelen colocarse en alguna de las
interminables rectas.
De ahí tiramos en
dirección a La Vecilla pasando por pequeños pueblos llenos de encanto hasta
llegar a la primera parada del día, la Cascada de Nocedo. No había ningún cartel
señalizando la cascada pero no resulta difícil encontrarla porque en los
alrededores hay un par de apartaderos para los vehículos, veréis movimiento por
la zona y lo más importante, está situada antes del pueblo de Nocedo de Curueño,
por lo que si llegáis a éste sabréis que os habéis pasado.
A esta cascada también se
la conoce como Cascada Cola de Caballo o Cascada de Valdorria debido a que es
el río Valdorria el que baja desde el pueblo que lleva el mismo nombre para
salvar el desnivel de la cascada y unirse al río Curueño.
Para llegar hasta el salto
de agua hay que recorrer unos 50 metros por una senda que no presenta ninguna
dificultad pero que no es accesible a personas con movilidad reducida.
Teniendo en cuenta la
lluvia caída durante los últimos meses la cascada traía abundante agua y podía
verse en toda su plenitud. Hay una pasarela metálica que llega hasta el borde
de ésta pero, era tanta el agua pulverizada que tras las fotos de rigor salimos
de allí con la ropa mojada.
Si queréis ver la cascada
desde otra perspectiva y os apetece trepar, al lado de la carretera hay un
sendero que permite llegar a la parte superior de ésta.
Tras la pausa pusimos
rumbo a nuestro siguiente destino, las antiguas Caldas de Nocedo, que se
encuentran a un kilómetro de Nocedo de Curueño.
Este antiguo Balneario de Nocedo conocido por las virtudes de sus aguas fue tomado durante la guerra
civil por uno de los batallones para utilizarlo como cuartel, llegando incluso a fortificarse la ladera de la montaña con una gran trinchera. Tras
la llegada del ejército nacional el edificio queda prácticamente destrozado
pero, una vez acaba la guerra es reparado volviendo a retomar su actividad aunque, años
después vuelve a sumirse en el abandono hasta la actualidad. He aquí un reportaje
publicitario anterior a la guerra civil.
La idea era volver hacia
La Vecilla pero decidimos seguir unos kilómetros por la misma carretera para atravesar un tramo de las
Hoces de Valdeteja, un lugar en el que las paredes de roca caliza se estrechan y parece que por momentos vayan a tragarse la carretera.
De ahí retrocedimos sobre
nuestros pasos para volver a La Vecilla y poner rumbo a Vegaquemada para ver su
iglesia parroquial, construida en 1954 y financiada por Pablo Díez Fernández,
un empresario que nació en esta localidad y que tras emigrar a Méjico se
convirtió en uno de los empresarios más exitosos del país. Nunca se olvidó de
sus orígenes y contribuyó al bienestar de la localidad dotándola de numerosos
servicios y edificios.
Mientras hacíamos unas
fotos de la iglesia se acercó a nosotros este bonito cachorro que consiguió
captar toda mi atención y mi cariño porque era realmente precioso. Al vernos marchar vino corriendo detrás de las motos y por un momento se me hizo un nudo en la
garganta. Me lo hubiera llevado a casa…
De Vegaquemada tiramos hacia
Boñar, donde paramos a tomar algo en una de las terrazas de la calle principal.
Y de ahí pusimos rumbo a los puertos de Las Señales y de Tarna, pasando antes por
el Embalse del Porma donde hicimos una parada para ver su presa.
Al fondo podíamos ver las montañas nevadas y cada vez nos estábamos acercando más a ellas. Comenzamos a subir el
puerto de Las Señales y una enorme sonrisa comenzó a dibujarse en nuestra cara.
Había caído una gran nevada el fin de semana anterior y la nieve seguía allí,
intacta para nuestro disfrute.
La carretera aunque algo
bacheada estaba completamente limpia de nieve. Con semejante sol no había nada
de hielo en la vía así que las condiciones no podían ser mejores: carretera
limpia, sol, nieve y moto ¡Una combinación perfecta!.
Nunca habíamos circulado en moto rodeados de tanta nieve y es que, a ambos lados de la carretera ésta podía alcanzar los 50-60 cm.
Aprovechamos para poner las cámaras de vídeo a grabar, sacar numerosas fotos y al llegar al puerto de Las Señales (1.625 m) hicimos una parada para disfrutar del paisaje y recrearnos con las vistas.
¡Qué lujo! La ruta de
Carlos había sido un acierto y todavía teníamos toda la tarde por delante.
Aún no habíamos comido así que decidimos comenzar a bajar el puerto y parar en
el primer apartadero para hacer el picnic. Previamente habíamos acordado llevar
bocadillos para no tener que condicionarnos con los horarios.
El momento era perfecto pero
es que Carlos consiguió que fuese todavía mejor al tener el gran detalle de
traernos jamón y cecina leonesa. Estaba buenísima, todavía sueño con ella
jejeje.
Tras el almuerzo llegamos
al puerto de Tarna (1.492 m) y tiramos en dirección a Riaño. Al poco de dejar
atrás el puerto la nieve fue desapareciendo y dando paso a un paisaje
completamente distinto, donde el agua, la montaña y unos verdes tapices de
hierba nos trasladaron por un momento a los alpes suizos.
Y llegamos a Riaño, el
nuevo Riaño, ya que el antiguo así como siete pueblos más del valle
fueron anegados por las aguas del Embalse de Riaño en el año 1.987.
Fueron
conocidas las numerosas movilizaciones populares que se llevaron a cabo en Riaño con el
proyecto de construcción del pantano así como los enfrentamientos y el desalojo
por la fuerza de los vecinos que se negaban a abandonar sus viviendas.
De ahí cogimos la
carretera en dirección al Puerto de San Glorio y al llegar a Boca de Huérgano
tiramos hacia Prioro. Durante este tramo y hasta llegar al Puerto del
Pando (1.432 m) nos encontramos con multitud de animales en la carretera,
ovejas, caballos y especialmente vacas. Estas últimas ni se inmutaban con
nuestra presencia.
Es un gustazo circular por
estas carreteras, tranquilas, solitarias, atravesando pequeñas localidades y
zonas especialmente bellas.
Al llegar a Puente Almuhey
cogimos el desvío hacia Renedo de Valdetuéjar, una antigua y noble villa que
durante siglos fue la capital del valle y el lugar en el que se encontraba el
palacio de los marqueses de Prado, del siglo XVII, del que en la actualidad
apenas se conserva el muro y los torreones.
El marquesado vendió el
palacio y pasó de una mano a otra hasta que el año 1.954 es comprado por el
indiano Pablo Díez Hernández del que os hablé más arriba, que lo pone a
disposición el obispado y cuya fachada barroca fue trasladada piedra a piedra
hasta la entrada del Hospital de Nuestra Señora de la Regla en León.
Y llegamos al Santuario de la Virgen de la Velilla, del siglo XVI. En el siglo X y en el mismo lugar donde
hoy se asienta el santuario había una ermita dedicada a Santa María Vallulis
(de los Valles). Pasaron los años y el lugar fue abandonado hasta que en el 1.470
un hidalgo llamado Diego de Prado, emparentado con los Señores de la Casa de
Prado, encuentra entre las ruinas de la ermita los restos de una virgen de
madera.
Decide llevársela a casa e
improvisa un altar en un hórreo donde la guarda en secreto. Cuenta la leyenda
que tras el descubrimiento el hidalgo va perdiendo su riqueza y enferma su mujer. Desesperado, ofrece erigir un nuevo templo a cambio de su
curación y, una vez construido ésta sana.
Comienza pues a crecer el
rumor de las curaciones y milagros de la virgen por lo que la llegada de peregrinos
y la entrega de limosnas es continua, lo que permite que en el 1.615 comiencen las
obras de lo que hoy es el gran santuario y que tardó casi un siglo en
construirse.
Curiosamente ese día era
el primero del año que el santuario abría al público tras el invierno así que
tuvimos oportunidad de verlo. En su interior estaba marcado el punto exacto
donde se encontró la virgen así como numerosos exvotos de agradecimiento a la
virgen.
Tras la visita tiramos
hacia Almanza, donde haríamos la última parada del día para tomar algo en una
terracita. Aquí aprovechamos para despedirnos, ya que nosotros teníamos que tomar un
desvío previo para ir al pueblo.
Estábamos cansados pero
enormemente satisfechos con la ruta (300 kms). Nos había encantado el recorrido
y los lugares visitados. Una buena mezcla de diversión, naturaleza e historia
con una temperatura y sobretodo una compañía de lujo.
Hemos barajado la
posibilidad de hacer una ruta en breve por el Bierzo y alrededores. Eso sí,
Carlos, va a ser difícil superar ésta pero no te subestimo, eres capaz de
sorprendernos seguro.
Saludos y Vs.
